29 junio 2008

¿Doble o nada?

...Soy una ganadora, lo soy. He perdido los miedos mientras vivía...

La primera vez que me juego algo y pierdo...
No obstante, es reconfortante saber que tener mala suerte es mejor que no tener nada de suerte...

...Hoy no sé lo que quiero...

26 junio 2008

...Sé que un día no me aguanto y voy y te miro...
...Y te lo digo a los gritos...
...Y te ríes y me tomas por un loco atrevido...
...Pues no sabes cuanto tiempo en mis sueños has vivido...
...Ni sospechas cuando te nombré...
...Yo, yo no me doy por vencido...
...Yo quiero un mundo contigo...
...Juro que vale la pena esperar, y esperar y esperar un suspiro...

25 junio 2008

¿Y si hubiera luchado más?


Una tarde pasó delante de la estatua de Presern, el gran poeta esloveno, y se puso a meditar acerca de la vida del escritor. A los treinta y cuatro años él había entrado una vez en una iglesia donde había visto a una muchacha adolescente, Julia Primic, de la cual se había enamorado perdidamente.

Como los antiguos juglares, empezó a escribirle poemas, con la esperanza de casarse con ella.

Sucede que Julia era hija de una familia de la alta burguesía y, con excepción de aquella visión fortuita dentro de la iglesia, Preseren nunca más consiguió aproximarse a ella. Pero aquel encuentro inspiró sus mejores versos y creó la leyenda en torno a su nombre.

En la pequeña plaza central de Ljubljana, la estatua de poeta mantiene sus ojos fijos en una dirección: quien siga su mirada descubrirá, al otro lado de la plaza, un rostro de mujer esculpido en la pared de una de las casas. Era allí donde vivía Julia; Preseren, aún después de muerto, contempla a su amor imposible.

¿Y si hubiera luchado más?

Ésta soy yo. . .

La niña de los miedos.
La de las horas muertas buscando dentro de su cabeza.
La que no podía dormir porque las pesadillas dormían con ella.
La niña del sin cuidado,
la que después de esconderse se lanzaba al vacío.
La que acababa en el fondo del barranco.
La niña de las lágrimas.
La de ahogarse en un vaso de alcohol y no saber nadar en dudas.
La de arrojar cristales de vasos vacíos.
La de los palos al corazón.
La de las ganas de huir y el cuerpo paralizado.
Medio corazón sin explotar.
Un puzzle de mil piezas.
Una carta sin abrir.
La que no entendía que la vida era otra cosa.
Aprovechar cada día; disfrutar los viernes, joderse los lunes.
Jugar en los parques, llorar en los hospitales.
Abrazarte a quien te abrace y a quien no te abrace no te abrazas y ya está, no pasa nada.
Enfrentar los problemas, todos, los pequeños y los grandes, y ganarlos a veces y a veces no.
Echarlos fuera.
Caerse y levantarse las veces que haga falta.