Aprendí que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad...
Comencé a aprender que los besos no son contratos, ni regalos, ni promesas...
Comencé a aceptar mis derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un adulto y no con la tristeza de un niño...
Aprendí que el sol quema sí te expones demasiado...
Acepté que incluso las personas buenas pueden herirme alguna vez y necesitaré perdonarlas...
Aprendí que hablar puede aliviar los dolores del alma...
Aprendí que las verdaderas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias...
Comprendí que no importa qué es lo que tienes, sino a quién tienes...
Me di cuenta que puedo pasar buenos momentos con mi mejor amigo haciendo cualquier cosa o nada, sólo por el placer de disfrutar su compañía...

Aprendí que no importa a donde llegué, sino a dónde me dirijo y si no lo sé cualquier lugar sirve...
Aprendí que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario, enfrentando las consecuencias...
Aprendí que la paciencia requiere mucha práctica.
Aprendí que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel...
Descubrí que no siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendré que aprender a perdonarme a mi mismo...
Aprendí que no importa en cuantos pedazos mi corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregle...